domingo, 20 de abril de 2014


(Continuación 3)

2.                     EL ENCUENTRO

 
Las ganas de conocerle iban a más. ¿Y si se atrevía a decírselo? ¿Qué perdía? Bueno… La verdad es que mucho. Una oportunidad que sabía que no tendría nunca. De esos trenes que solo pasan una vez. O aunque hayan mas trenes, de esos que sabes que no serán tan especiales nunca, de esos que tienes la seguridad de que te llevaran a un sitio precioso. Si, si que perdía. Pero tampoco ganaría si no se arriesgaba. Y lo hizo.

Una calurosa tarde de principios de Mayo, me atrevería a decir que un martes, estaban hablando por whatsapp. Como siempre Raul empezó la conversación primero, cosa que a María le encantaba. Y él le dijo que estaba en la sala de espera del dentista. El dentista que, por otra casualidad más, estaba debajo de su casa. Y a ella se le ocurrió una idea, una idea que le entusiasmaba, que le llenaba de curiosidad y ganas.

-Si quieres cuando salgas avísame, así me asomo al balcón y te saludo J

 

Escribió con el corazón a mil, esperando la respuesta con ansia

-ValeJ

¡Le había dicho que si! Eso quería decir que le vería, que podría verle, por primera vez, que observaría como es. Algo demasiado interesante, algo que le hacía sentir unas mariposas en el estómago, unos nervios descomunales, y un interés bastante enorme también.

Pasaron los minutos… 1… ¡Pf, que nervios y que ganas!

 2… ¡Ojalá que no tarde mucho…!

 3… ¿Cómo será?

 4… ¿Me saludara con gracia? ¿Con timidez? ¿Con ganas? ¿Con amor? ¿O no lo hará siquiera?

 5… Empiezo a impacientarme…

6… ¿Ya? 

7… PF, me aburro

 8… Tarda demasiado.

-Ya salgo

 

¿Qué? ¿Ya? Tenía que darse prisa en abrir la terraza… Ya estaba girando la llave de la reja y abriendo la puerta cuando… ¿Y esos pelos? No iba a dejar que la primera impresión que se llevara de ella fuera esa. Corrió al baño a peinarse. ¿Moño? No, demasiado desarreglado.

¿Pelo suelto? Encrespado…

¿Coleta? Horrible.

Ya estaba tardando demasiado y temía que se fuera. Así que se dejó el pelo estar. Salió y miró por el balcón. Pero no veía nada. No veía a nadie.

-No te veo –escribió

-Pues voy por el descampado

Claro, el descampado… ¿Cómo no lo había pensado antes? Para ir a su casa tenía que pasar por allí. Se dirigió a la parte de la terraza que daba allí. Pero seguí sin ver nada. No había nadie.

-Jo, no te veo.

-Es que ya me he ido, jo. He mirado hacia arriba y no te veía.

Que rabia, no tenía que haber ido al baño. Ahora ya no podía verle. Pero… ¿Y si le decía de quedar? Ya iba siendo hora, llevaban hablando dos semanas, y María tenía bastantes ganas.

¿Por qué no? Y sin pensárselo demasiado lo escribió…

-Bueno, ya nos veremos otro día. Si quieres podríamos quedar.

-Vale, cuando quieras.

 

Cuando leyó aquello le entro la risa tonta, y otra vez el corazón le fue más deprisa. No debía ser bueno, cualquier día de estos se le iba a salir del pecho.

-¿Quieres este viernes?

-Vale ¿A qué hora?

-A las seis y media… ¿En el dentista?

-Vale J

-Qué ganas

-Ya ves J
 

No podía creérselo. No solo había le había dicho que si, si no que habían quedado. María había tenido el valor para preguntárselo. Y además el había aceptado. Y además… ¡Este viernes! Que nervios, y que ganas… ¡Y que todo! Tenía una intuición, ese viernes 10 de Mayo le iba a cambiar todo. Iba a romper todos sus esquemas, iba a descolocarle, iba encenderse algo, y apagarse unas cuantas cosas más. Deseaba que llegara ya. Y a la vez no. A  la vez tenía miedo.

 

Durante los siguientes días intentó relajarse. Y podría decirse que más o menos los consiguió. Consiguió no ilusionarse demasiado, por si después las cosas no resultaban ser como ella esperaba, para que el golpe no fuera tan seco, tan repentino. Se lo contó a Estela y a Tatiana, incluso se interesó también una amiga de Estela llamada Carolina, con la que se llevaba bastante bien. Le dieron consejos, y le apoyaron con sus nervios… Que por mucha relajación que quería aparentar tener, nervios los había. No sabía absolutamente nada de él. Ni de cómo iba a irle esa tarde. Estaba en blanco. Y le recordaba a… un libro en blanco. Una historia que se comenzó a escribir unas cuantas hojas antes, pero que realmente no era nada con las hojas en blanco que faltaban por llenar. Con lágrimas, sonrisas, con largos paseos o tardes en un banco, con películas en un cine o con una amistad eterna. Que aún faltaba mucho por contar. Que esa era su historia, que ella decidía como seguirla. Decidía si acabarla, si dejarse llevar, si dar pie a algo bonito, si negarse, o si dejar de darle importancia. Y por un momento, por ese jueves antes de conocer a Raul, se sintió dueña de su destino.

 

Y llegó el día. Un 10 de Mayo. Un día en el que María había llevado aquella camiseta rosa, tan dulce, tan delicada, tan... como ella, un día en que no había parado de preguntarse qué sería de aquel libro en blanco al lunes siguiente. Un día en el que no era capaz de sostener una conversación con sus cinco sentidos, ya que siempre había alguno que andaba ocupado en asuntos que tenían que ver con un dentista, con un saludo, y quizá con un comienzo.

Un encuentro, ni más ni menos.

 

Se despidió de sus amigas a última hora de aquella jornada de viernes. Las cuatro y media eran.

-Adios… Estoy muy nerviosa –le comentó a Estela minutos antes de su despedida.

-No te preocupes, se tu misma. Ya verás cómo te va bien

Y se dieron un abrazo.

-Ya nos contarás – dijo Tatiana con su habitual sonrisa. Esa sonrisa que nunca llegabas a comprender si era falsa o era de verdad. Si era una mentira. Pero era una sonrisa ¿No? Sonrisa al fin y al cabo.

Al llegar a casa había dudas, muchísimas. No sabía para donde tirar, ni que hacer, ni si debía sentir lo que sentía. Porque era miedo. Era miedo a lo desconocido, porque no sabía con que o quien se iba a encontrar. Porque esa tontería de aquel nombre puede ser que hubiera llegado demasiado lejos. Se sentó en el sillón de la terraza. Se acomodó, eran las cinco.

Su madre Perla estaba a su lado, en el otro sillón.

-No sé si ir…

Y era verdad. No lo sabía. El miedo se apoderó de ella, y por un momento se le quitaron las ganas, se le comió la vergüenza. Y de repente aquel encuentro le parecía algo incómodo y frio.

-¿Por qué? –preguntó su madre, que era sabedora de toda la historia.

-No lo sé, me da vergüenza…

-No vayas si no quieres –a Perla parecía no hacerle nada de gracia aquello. También tenía miedo. Su hija iba a quedar con un chico al cual no conocía de nada más que de tres o cuatro conversaciones detrás de una pantalla de un móvil. Pero optó por no mostrarlo. Aunque a María le resultaba evidente.

-El caso es que si que quiero

 

Y fue en ese justo momento. Cuando recordó todo su pasado. Y en su mente se dibujó una gran mancha gris, una sensación desagradable, como si se encontrara en un lugar al que no le gustaba volver. Recordó todos sus desengaños, todas las veces que le habían fallado como a la que más. Se acordó de todas esas risas, cuando se burlaban de ella por lo que fuera, cuando las críticas le ahogaban y no le dejaban ser ella misma.

De pronto volvió al presente, debería haberse sentido insegura con todo aquel retal de memorias. Pero aunque hubiera sido lo más lógico no fue así. Reflexionó sobre aquello. Ya bastaba de malas noticias, de dramas, de malos tragos. ¿Ya estaba bien no? Si, ya había sido suficiente. Y ahora un chico la esperaría dentro de aproximadamente una hora, un chico que parecía tener interés por ella, un chico único, sensato e interesante. Tenía un presentimiento, o más bien lo llevaba dentro de ella hace tiempo. Pero en aquel momento se acentúo un poco más. ¿Y si iba y todo salía bien? ¿Y si por miedos desperdiciaba una oportunidad que algo o alguien le estaba dando? Oportunidad de que algo le saliera bien en su vida. Y aquella sensación de un libro en blanco apareció de nuevo en su cabeza. ¡Le esperaba algo bonito! Y tanto… Si, era así.

María, vete, no tardes. ¿A que estas esperando?  Una voz resonaba en su cabeza

Es tu vida, corre antes de que se largue el tren… Si, ya podía correr.

 

Correr a arreglarse. Porque no lo estaba. Ya podía darse prisa. Lo había decidido. Iría. Y se dejaría llevar, y lo que tuviera que surgir pues surgiría.

Se vistió cuidadosamente, eligió una camiseta blanca, combinándolo debajo con un top marrón. Y unos vaqueros desgastados, los rotos. Si, esos. Le daban un aire especial. Arreglada y a la vez casual. Y unas zapatillas rosas. María se miró en el espejo, observó aquellas pequitas que ya estaban saliéndole poco a poco por el sol. Y también su pelo rizado y oscuro. Un pelo muy bonito, si. Maquilló ligeramente sus ojos, ni mucho ni poco. Ralla y rímel, lo justo. Adornó también sus labios con un poco de gloss, aunque no tenía pensando usarlos aquella tarde. Poco a poco, así sería más especial.

 

Quedaban 10 minutos para las seis y media. Y algo le faltaba, una canción. Una canción que le subiera los ánimos. La autoestima. La seguridad. Que le quitara la timidez. Porque esa tarde iba a necesitar de todo menos eso último. ‘Chica deseada’ de Cosmik. Esa estaba bien.

Mientras la escuchaba no podía evitar sentir esas mariposas allí dentro. En su estómago, que amenazaban con quedarse toda la tarde.

-Ya estoy J

Un whatsapp, Raul. Ya estaba. Esperándola a ella. Se le apoderaron los nervios una vez más, y lucho contra ellos. Poco a poco se dirigió a la puerta. Se despidió de su hermana y sus padres y llamó al ascensor. ¿Qué ocurriría? Era un misterio. Una locura. Algo que le encantaba. Y algo que estaba a punto de descubrir en lo que tardara el ascensor en bajar, en lo que tardara ella en abrir la puerta de su patio y dirigirse unos 5 metros hasta el dentista.

El corazón le iba a mil no, a dos mil por hora. Tragó saliva y se notó la boca seca, se miró por última vez en el espejo y se concedió su aprobación.

Es lo que has estado esperando, no te eches atrás ahora.

 

2 comentarios:

  1. ahh ya encontré la parte 3! interesantíiiiiiisimo esperemos que todo le salga bien a la chica y que no se encuentre con nada malo... avísame cuando tengas la parte 4 :DDDD

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    1. Muchas gracias:) Ya tienes la parte 4, espero que te guste <3

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