jueves, 24 de abril de 2014


(CONTINUACION 4)

(+) Ya estaba abajo, por fin. Tenía los nervios a flor de piel, pero intentó calmarse y mirar hacia el patio… No había nadie. Salió afuera y giró la cabeza sabiendo que allí iba a estar él… Pero no. No estaba. ¡Claro! Habría ido a la otra puerta del dentista.

Esta confusión le puso más nerviosa aún. María se disponía a doblar la esquina, segura de que solo faltaba dar unos pasos más y vería a Raul por primera vez. Giró con cuidado y con inseguridad… y si. Allí estaba. Con el móvil. Alzó la vista y sonrió, la había visto. Llevaba una chaqueta azul, y unos pantalones piratas vaqueros. Estaba realmente guapo. Y lo era. Era precioso. Muchísimo más en persona.

-Hola – dijo ella, aparentando una comodidad que no tenía – Pensaba que ibas a estar en la otra puerta – y se rió tontamente mientras se acercaba a el

 María se inclinó a darle dos besos como saludo. Y él se los devolvió esta vez con una sonrisa forzada. Se notaba que estaba nervioso, mucho más que ella, o al menos mucho más de lo que ella parecía.

 
-Vamos ¿No? – preguntó María al ver que Raul se quedaba allí parado. Quieto como una estatua. Paralizado, extremadamente tímido. El no había abierto aún la boca

Entonces comenzó a andar, con mucha inseguridad. Detrás de ella. María no podía creérselo, estaba allí con el… Estaba nerviosa. No sabía de qué forma reaccionar. Y a la vez tenía unas enormes ganas de conocerle y saber más cosas de él. Pero ¿Cómo? Encima era tan guapo… Y ¡Olía tan bien! De repente le vino su olor, su perfume, olía de maravilla. Algo que le atraía mucho de un chico. Y es que era guapísimo. Tenía que hacer que hablara. Que se soltara. Sacar algún tipo de conversación.

-Bueno… ¿Y de dónde vienes?

-De la cárcel – dijo él para sí… en voz baja. Como si tuviera miedo de articular palabra.

-¿La cárcel? –le sorprendió a María.

No sabía exactamente a qué se refería. Y en ese momento le resultó algo siniestro… Aunque no tardó nada en comprender que en realidad se refería a su casa… Como si hablara de su casa como una cárcel… ¿O era la cárcel de mujeres cerca del barrio  de la Olivereta? Que vergüenza. No sabía que decir ni que iba a contestarle el. Raul le miró entonces, con esos ojos tan preciosos, marrones, ese tipo de ojos en los que podías perderte.

-Si – esbozó una pequeña sonrisa.

Y ahora… ¿Para dónde dirigía la conversación? Era evidente que estaban los dos incómodos, cortados, tenían vergüenza.

María quería romper el hielo ya. Y mientras esperaban a que el semáforo se pusiera en verde se inventó algo de que a lo mejor tenía que llegar a su casa un poco pronto, sobre las ocho, porque tenía una cena con su familia. Era mentira. Pero por si las cosas iban mal o seguía sintiéndose incómoda durante toda la tarde y no sabía cómo salir de la situación utilizaría esa excusa.

No se esperaba aquello que estaba pasándole. Pero de dos personas tímidas que acaban de conocerse hace 5 minutos tampoco podía esperarse mucha más cosa.

-¿A dónde vamos? – quiso saber María. Ya que estaban andando sin rumbo alguno.

-Donde quieras

 

Y le miró. Y le dio la sensación de ver en el eso que no había podido ver nunca en nadie. Como si todo aquello que creía que no existía estuviera justo delante suyo. Se sintió feliz, sintió que aquella conexión que parecía haber entre el y ella, y que por ahora solo llegaba a tímidas miradas y sonrisas sin más, era mágica. Que simplemente surgiría. Que las cosas irían sin más.

 

-Podríamos ir al parque del oeste- sugirió ella.

-Vale

Eso sí, a él no le notaba muy cómodo.

Se relajó, intentó que Raul estuviera cómodo. Y sin saber ni cómo ni por que empezaron a surgir temas, temas tontos, puede ser. Pero temas de conversación al fin y al cabo. Raul le preguntaba que qué había hecho hoy, le preguntaba por sus amigas del colegio, y ella igual. Y mientras paseaban por el parque del oeste, sin ir a ningún sitio en concreto.

-¿Quieres que nos sentemos en este banco? – dijo María señalando uno al final del parque

-Vale. Lo que quieras.

-¿Y entonces tu instituto esta por aquí cerca?

-Si, justo allí – Raul señaló al frente

-¿Y qué tal está?

-Bueno, más o menos. Las clases no son muy buenas.

-¿Qué... a ti qué tal te han ido las notas? – se interesó María.

-Mal… Me cayeron 6.

-Pf… ¿Y eso?

 

A María le sorprendió aquello, no le parecía un chico ni tonto ni poco responsable. Y se dio cuenta además de que Raul, a pesar de que se le veía más relajado que antes, no paraba de juguetear con la funda de su móvil. De forma exagerada. Y de mover la pierna. Sin ninguna duda seguía nervioso. Y sin ninguna duda, ahora que se conocían un poco más a María le iba resultando cada vez más interesante y misterioso. Algo que le hacía sumamente atractivo.

 

-No lo sé. Estudio, pero después el examen no me sale tan bien.

-Ah, bueno. Pues no se…

-En primaria no me pasaba eso. Era diferente.

 

Se pusieron a hablar de la infancia. De la niñez.

-No tuve una buena infancia… Mis padres se separaron y fue difícil para mí…-dijo con ese característico aire misterioso suyo.

-¿Qué te pasó? – se interesó María.

-Discutían siempre… Y yo con tan solo cuatro años tenía que escaparme de casa solo para no oírles. Poco después se separaron, y yo lo pasé mal. Quería verles felices, juntos. Encima mi padre después tuvo un accidente, y ahora tiene pequeñas pérdidas de memoria. No está bien.

 

De repente el ambiente se volvió frío, triste, como si todo aquel mar de recuerdos le perturbara, ella comprendió que estaba hablando de algo que no había llegado a superar.

-Solía ir al parque Roma. Ahí sí que podía ser niño. Jugar, reír como cualquier otro… - añadió después de un rato.

-Vaya, tuvo que ser duro…

 

Decidieron ir al parque Roma. María tenía curiosidad por saber cómo era el barrio en el que él se había criado. De camino, parecía que no había rastro de la anterior conversación. Hablaron entonces de su clase, de lo que querían estudiar, y también incluso de ropa. De vez en cuando se reían por cualquier tontería. ¡Qué sonrisa más preciosa…! No podía ser verdad. Parecía tan perfecto. No lo era del todo, le sobraba aquella timidez. Aunque María sabía que era cuestión de tiempo que desapareciera.  Y por ahora tampoco le importaba tanto, ella le miraba como si hubiera descubierto en el aquello que no esperaba encontrar en nadie. Y así era. Un chico muy maduro para sus 15 años, una persona muy fuerte, misteriosa, un chico con un físico impresionante, que quedaba con ella, simplemente por el interés de conocerla, alguien… Diferente. Interesante.

 

-¿Y ahora con quien estás? ¿Con tu padre o con tu madre? – preguntó María cuando cruzaban la pasarela del parque del oeste camino al Parque Roma.

-Estoy con mi padre… O con mi yaya. Que viene a ser lo mismo.

-¿Por qué?

-Desde que tuvo el accidente mi padre no puede estar solo- dijo esto último como con rabia. Con odio, desprecio. Y a María le dio la sensación de que detrás de eso había algo más. No quería hurgar en la herida, pero se atrevió a preguntar…

-¿Es que te llevas mal con tu padre?

-No, con el no. Es con mi yaya. No la soporto. Es una…. – se contuvo. Como si quisiera guardar las formas. Intentando darle a María una imagen más respetuosa.

-¿Y eso?

-Ella fue la que me fastidió la infancia. Me pegaba. Me rechazaba. Me hacía las cosas difíciles. Y siempre hablaba mal de mi madre delante de mí.

-¿En serio?

María se quedo atónita. Raul si que debía ser fuerte. ¿Cuántas más cosas quedaban? Cada vez estaba más segura de que era una persona admirable.

-Si… Creo que es la persona que más odio del mundo.

-Te entiendo.

Tenía ganas de darle un abrazo. De decirle que a partir de ahora nadie iba a hacerle daño. Que allí estaba ella. Pero algo llamado inseguridad se lo impidió.

-Aunque yo siempre me he llevado bien con mi familia entiendo que lo hayas pasado mal… - comentó María de la forma más dulce posible…

 

El tema quedó aparte. ¿Le estaría gustando a Raul? Vaya chico más reservado. ¿Qué estaría pensando de ella? A María él le gustaba. Eso estaba claro, no obstante, había algo que no acababa de encajar… Aquellos silencios que había de repente ¿Eran simplemente timidez o desinterés de Dani? Pero en cambio cuando le miraba… veía tantas cosas. De esas cosas que no se ven con los ojos, de esas que se sienten. Que no se fuerzan, que existen o no existen.

Esa piel morena, esos ojos oscuros… Esa mirada tan profunda, de las que te desnudan por completo, en las que puedes perderte. Sincera, misteriosa ¿Prohibida? Quizá.

El mundo calló por completo, los coches pararon, la gente se congeló, los pájaros se quedaron quietos. Porque solo estaban ellos, solo estaba su historia, no hacía falta nada más para llenar todo aquel vacío. Las ganas de conocerse inundaban todo los rincones del universo.

 
Se dirigieron a aquel parque, y Raul le indicó la zona donde vivía. Un barrio normal. A menos de 500 metros del suyo. El parque Roma estaba lleno de niños, y de pronto en aquel rostro impenetrable pareció encenderse un recuerdo, una ilusión. Una sonrisa.

 

Comentaron lo que quería hacer, no iban a quedarse allí. María había imaginado algo más grande, con árboles, con bancos. Pero como no fue así, prefirió seguir dando una vuelta.

Raul le llevó por calles en las que nunca había estado. Estaba totalmente perdida. Si no fuera por él…

-Estoy bastante nerviosa por ir al instituto nueva. Me da bastante vergüenza la verdad… -dijo ella

-Es normal…

- Es que ir a un sitio donde no conoces a nadie…

-Me conoces a mi.

-Bueno, es verdad – admitió María, que no había caído en aquel detalle.

-Si quieres puedo presentarte gente.

-Estaría bien.

Siguieron comentando aquello cuando llegaron a la plaza Totana. Siguieron andando sin más. Sin preguntarse por qué.

María se sentía más cómoda ahora. Y parecía que Raul también. En verdad no era tan vergonzoso, solo había que coger un poco de confianza con él. Divagaban, comentaban…

Reían, si. Hoy todo les hacía gracia. Había dos chicas detrás que les resultaban muy pesadas, hablaban demasiado alto…

María se giró a mirar a Raul comentando en silencio lo ridículas que le parecían, con una media sonrisa, él hizo lo mismo. Un gesto de complicidad en el que ella sintió unas enormes ganas de reir. Y no precisamente por las dos chicas de atrás. Si no por aquello que acababa de pasar. Por estar allí. Por ese encuentro. Por ese intercambio de sonrisas.
 

domingo, 20 de abril de 2014


(Continuación 3)

2.                     EL ENCUENTRO

 
Las ganas de conocerle iban a más. ¿Y si se atrevía a decírselo? ¿Qué perdía? Bueno… La verdad es que mucho. Una oportunidad que sabía que no tendría nunca. De esos trenes que solo pasan una vez. O aunque hayan mas trenes, de esos que sabes que no serán tan especiales nunca, de esos que tienes la seguridad de que te llevaran a un sitio precioso. Si, si que perdía. Pero tampoco ganaría si no se arriesgaba. Y lo hizo.

Una calurosa tarde de principios de Mayo, me atrevería a decir que un martes, estaban hablando por whatsapp. Como siempre Raul empezó la conversación primero, cosa que a María le encantaba. Y él le dijo que estaba en la sala de espera del dentista. El dentista que, por otra casualidad más, estaba debajo de su casa. Y a ella se le ocurrió una idea, una idea que le entusiasmaba, que le llenaba de curiosidad y ganas.

-Si quieres cuando salgas avísame, así me asomo al balcón y te saludo J

 

Escribió con el corazón a mil, esperando la respuesta con ansia

-ValeJ

¡Le había dicho que si! Eso quería decir que le vería, que podría verle, por primera vez, que observaría como es. Algo demasiado interesante, algo que le hacía sentir unas mariposas en el estómago, unos nervios descomunales, y un interés bastante enorme también.

Pasaron los minutos… 1… ¡Pf, que nervios y que ganas!

 2… ¡Ojalá que no tarde mucho…!

 3… ¿Cómo será?

 4… ¿Me saludara con gracia? ¿Con timidez? ¿Con ganas? ¿Con amor? ¿O no lo hará siquiera?

 5… Empiezo a impacientarme…

6… ¿Ya? 

7… PF, me aburro

 8… Tarda demasiado.

-Ya salgo

 

¿Qué? ¿Ya? Tenía que darse prisa en abrir la terraza… Ya estaba girando la llave de la reja y abriendo la puerta cuando… ¿Y esos pelos? No iba a dejar que la primera impresión que se llevara de ella fuera esa. Corrió al baño a peinarse. ¿Moño? No, demasiado desarreglado.

¿Pelo suelto? Encrespado…

¿Coleta? Horrible.

Ya estaba tardando demasiado y temía que se fuera. Así que se dejó el pelo estar. Salió y miró por el balcón. Pero no veía nada. No veía a nadie.

-No te veo –escribió

-Pues voy por el descampado

Claro, el descampado… ¿Cómo no lo había pensado antes? Para ir a su casa tenía que pasar por allí. Se dirigió a la parte de la terraza que daba allí. Pero seguí sin ver nada. No había nadie.

-Jo, no te veo.

-Es que ya me he ido, jo. He mirado hacia arriba y no te veía.

Que rabia, no tenía que haber ido al baño. Ahora ya no podía verle. Pero… ¿Y si le decía de quedar? Ya iba siendo hora, llevaban hablando dos semanas, y María tenía bastantes ganas.

¿Por qué no? Y sin pensárselo demasiado lo escribió…

-Bueno, ya nos veremos otro día. Si quieres podríamos quedar.

-Vale, cuando quieras.

 

Cuando leyó aquello le entro la risa tonta, y otra vez el corazón le fue más deprisa. No debía ser bueno, cualquier día de estos se le iba a salir del pecho.

-¿Quieres este viernes?

-Vale ¿A qué hora?

-A las seis y media… ¿En el dentista?

-Vale J

-Qué ganas

-Ya ves J
 

No podía creérselo. No solo había le había dicho que si, si no que habían quedado. María había tenido el valor para preguntárselo. Y además el había aceptado. Y además… ¡Este viernes! Que nervios, y que ganas… ¡Y que todo! Tenía una intuición, ese viernes 10 de Mayo le iba a cambiar todo. Iba a romper todos sus esquemas, iba a descolocarle, iba encenderse algo, y apagarse unas cuantas cosas más. Deseaba que llegara ya. Y a la vez no. A  la vez tenía miedo.

 

Durante los siguientes días intentó relajarse. Y podría decirse que más o menos los consiguió. Consiguió no ilusionarse demasiado, por si después las cosas no resultaban ser como ella esperaba, para que el golpe no fuera tan seco, tan repentino. Se lo contó a Estela y a Tatiana, incluso se interesó también una amiga de Estela llamada Carolina, con la que se llevaba bastante bien. Le dieron consejos, y le apoyaron con sus nervios… Que por mucha relajación que quería aparentar tener, nervios los había. No sabía absolutamente nada de él. Ni de cómo iba a irle esa tarde. Estaba en blanco. Y le recordaba a… un libro en blanco. Una historia que se comenzó a escribir unas cuantas hojas antes, pero que realmente no era nada con las hojas en blanco que faltaban por llenar. Con lágrimas, sonrisas, con largos paseos o tardes en un banco, con películas en un cine o con una amistad eterna. Que aún faltaba mucho por contar. Que esa era su historia, que ella decidía como seguirla. Decidía si acabarla, si dejarse llevar, si dar pie a algo bonito, si negarse, o si dejar de darle importancia. Y por un momento, por ese jueves antes de conocer a Raul, se sintió dueña de su destino.

 

Y llegó el día. Un 10 de Mayo. Un día en el que María había llevado aquella camiseta rosa, tan dulce, tan delicada, tan... como ella, un día en que no había parado de preguntarse qué sería de aquel libro en blanco al lunes siguiente. Un día en el que no era capaz de sostener una conversación con sus cinco sentidos, ya que siempre había alguno que andaba ocupado en asuntos que tenían que ver con un dentista, con un saludo, y quizá con un comienzo.

Un encuentro, ni más ni menos.

 

Se despidió de sus amigas a última hora de aquella jornada de viernes. Las cuatro y media eran.

-Adios… Estoy muy nerviosa –le comentó a Estela minutos antes de su despedida.

-No te preocupes, se tu misma. Ya verás cómo te va bien

Y se dieron un abrazo.

-Ya nos contarás – dijo Tatiana con su habitual sonrisa. Esa sonrisa que nunca llegabas a comprender si era falsa o era de verdad. Si era una mentira. Pero era una sonrisa ¿No? Sonrisa al fin y al cabo.

Al llegar a casa había dudas, muchísimas. No sabía para donde tirar, ni que hacer, ni si debía sentir lo que sentía. Porque era miedo. Era miedo a lo desconocido, porque no sabía con que o quien se iba a encontrar. Porque esa tontería de aquel nombre puede ser que hubiera llegado demasiado lejos. Se sentó en el sillón de la terraza. Se acomodó, eran las cinco.

Su madre Perla estaba a su lado, en el otro sillón.

-No sé si ir…

Y era verdad. No lo sabía. El miedo se apoderó de ella, y por un momento se le quitaron las ganas, se le comió la vergüenza. Y de repente aquel encuentro le parecía algo incómodo y frio.

-¿Por qué? –preguntó su madre, que era sabedora de toda la historia.

-No lo sé, me da vergüenza…

-No vayas si no quieres –a Perla parecía no hacerle nada de gracia aquello. También tenía miedo. Su hija iba a quedar con un chico al cual no conocía de nada más que de tres o cuatro conversaciones detrás de una pantalla de un móvil. Pero optó por no mostrarlo. Aunque a María le resultaba evidente.

-El caso es que si que quiero

 

Y fue en ese justo momento. Cuando recordó todo su pasado. Y en su mente se dibujó una gran mancha gris, una sensación desagradable, como si se encontrara en un lugar al que no le gustaba volver. Recordó todos sus desengaños, todas las veces que le habían fallado como a la que más. Se acordó de todas esas risas, cuando se burlaban de ella por lo que fuera, cuando las críticas le ahogaban y no le dejaban ser ella misma.

De pronto volvió al presente, debería haberse sentido insegura con todo aquel retal de memorias. Pero aunque hubiera sido lo más lógico no fue así. Reflexionó sobre aquello. Ya bastaba de malas noticias, de dramas, de malos tragos. ¿Ya estaba bien no? Si, ya había sido suficiente. Y ahora un chico la esperaría dentro de aproximadamente una hora, un chico que parecía tener interés por ella, un chico único, sensato e interesante. Tenía un presentimiento, o más bien lo llevaba dentro de ella hace tiempo. Pero en aquel momento se acentúo un poco más. ¿Y si iba y todo salía bien? ¿Y si por miedos desperdiciaba una oportunidad que algo o alguien le estaba dando? Oportunidad de que algo le saliera bien en su vida. Y aquella sensación de un libro en blanco apareció de nuevo en su cabeza. ¡Le esperaba algo bonito! Y tanto… Si, era así.

María, vete, no tardes. ¿A que estas esperando?  Una voz resonaba en su cabeza

Es tu vida, corre antes de que se largue el tren… Si, ya podía correr.

 

Correr a arreglarse. Porque no lo estaba. Ya podía darse prisa. Lo había decidido. Iría. Y se dejaría llevar, y lo que tuviera que surgir pues surgiría.

Se vistió cuidadosamente, eligió una camiseta blanca, combinándolo debajo con un top marrón. Y unos vaqueros desgastados, los rotos. Si, esos. Le daban un aire especial. Arreglada y a la vez casual. Y unas zapatillas rosas. María se miró en el espejo, observó aquellas pequitas que ya estaban saliéndole poco a poco por el sol. Y también su pelo rizado y oscuro. Un pelo muy bonito, si. Maquilló ligeramente sus ojos, ni mucho ni poco. Ralla y rímel, lo justo. Adornó también sus labios con un poco de gloss, aunque no tenía pensando usarlos aquella tarde. Poco a poco, así sería más especial.

 

Quedaban 10 minutos para las seis y media. Y algo le faltaba, una canción. Una canción que le subiera los ánimos. La autoestima. La seguridad. Que le quitara la timidez. Porque esa tarde iba a necesitar de todo menos eso último. ‘Chica deseada’ de Cosmik. Esa estaba bien.

Mientras la escuchaba no podía evitar sentir esas mariposas allí dentro. En su estómago, que amenazaban con quedarse toda la tarde.

-Ya estoy J

Un whatsapp, Raul. Ya estaba. Esperándola a ella. Se le apoderaron los nervios una vez más, y lucho contra ellos. Poco a poco se dirigió a la puerta. Se despidió de su hermana y sus padres y llamó al ascensor. ¿Qué ocurriría? Era un misterio. Una locura. Algo que le encantaba. Y algo que estaba a punto de descubrir en lo que tardara el ascensor en bajar, en lo que tardara ella en abrir la puerta de su patio y dirigirse unos 5 metros hasta el dentista.

El corazón le iba a mil no, a dos mil por hora. Tragó saliva y se notó la boca seca, se miró por última vez en el espejo y se concedió su aprobación.

Es lo que has estado esperando, no te eches atrás ahora.

 

viernes, 18 de abril de 2014


(Continuación 2)


 (+) Un 29 de Abril se encontraba en el patio. Esa clase de patios que deseabas desde que empezaron las clases a las 8:00 de la mañana.  Por ahora no había sido una jornada dura, sino más bien llevadera. Había saludado a Estela y Tatiana como siempre, había dado un beso cariñoso a Helena como siempre, había evitado miradas con alguna que otra persona no agradable como siempre también, se limitó a atender y tomar apuntes de las explicaciones… Pero… ¿Realmente era todo como siempre? ¿O era todo en leve espejismo? Un espejismo ligero, una seda suave, transparente… Si, quizá era eso, una burbuja que le hacía creer que no existía, pero que en realidad le aislaba de todo lo que no tuviera que ver con aquel nombre… Con aquel acto tan inocente de buscar un nombre en un ordenador.

-¿Te pasa algo María? –quiso saber Estela, cuando advirtió que María llevaba demasiado tiempo sin articular palabra, algo que no era propio de ella.

-¿Qué? Eh… No… - la voz de Estela hizo que perdiera el hilo a sus pensamientos, y la sacó de su burbuja –Bueno… No sé. Puede.

Ante la sorpresa de Maria, Tatiana  clavó sus ojos atentos en ella. Y preguntó:

-¿Qué pasa? Esta mañana te noto rara. Es como si realmente no escucharas nada de lo que nadie dice, es como si oyeras sin dar la menor importancia. Cuéntanos si quieres…

Tatiana le transmitió confianza, y se decidió.

Relató lo mejor que pudo aquello que había sucedido en su fin de semana. Estuvo hablando durante 5 minutos, impresionada ante las miradas de sorpresa de sus dos amigas.

-¡Es impresionante! –exclamó Estela después de que María acabara de hablar.

-Un buen comienzo, desde luego –dijo Tatiana - ¿Y tienes alguna foto suya no? Enséñanos alguna del tuenti, y te damos nuestra opinión.

Así lo hizo María, y al abrir la foto y mirarla antes de enseñársela a sus amigas, encontró a Raul  incluso más guapo que como lo recordaba.

-Sí, es guapo. Y además muy moreno… - comentó Estela demostrando verdadero interés –Parece incluso ¿Moro? ¿Latino? Sí, eso es.

-A mi no me lo parece, pero no tendría ningún problema al respecto. Al contrario, siempre me han atraído los chicos de piel muy morena.

-Es verdad, además parece buen chico – dijo entonces Tatiana, que hasta ahora parecía embobada con la foto.

-¿Y dices que se te ocurrió el nombre así de repente?

- Si, fue algo especial. Casi tanto como él. En serio, parece diferente. Creo que lo es, no es como los demás. Lo que conozco de el por ahora me gusta – le contestó a Estela

- ¿Y no te gustaría conoceros en persona?

-Me encantaría, pero antes quiero hablar más con él, ver interés por su parte y esas cosas…

Fue una conversación agradable. Si.

 

Y pasaron los días… y extrañamente iban bien. Era como si con la llegada de aquel nuevo chico todo fuera mejor, veía interés por parte de sus amigas, y no había tantas críticas. Alguna que otra, pero ella no daba importancia. Como si su foco de atención hubiera pasado a ser otra cosa, otra persona totalmente diferente, especial y única. Ya le transmitía mucho detrás de una pantalla, no quería ni imaginarse en persona.

Raul seguía hablándole, no todos los días, pero sí de vez en cuando. Hablaban de cualquier cosa, a veces de estudios, otras de amigos, algunas tonteaban y, lo más frecuente,            hablaban de música. Curiosamente a él le gustaba el mismo tipo de música, el rap. Algo que María adoraba, necesitaba con todas sus fuerzas, era su vía de escape, su desahogo. Era muy importante. Y a él parecía gustarle también. Otra casualidad más.

 

Algo que también llamó su atención, y algo que le diferenciaba de todos los chicos con los que había estado hasta ahora fue su saber ir despacio, fue como demostraba que realmente tenía un interés por ella y no por pasar el rato. No quería lo que todos los chicos le habían echo ver a María que querían, dos o tres besos y algunas otras cosas más. El no, y ella sentía que la valoraba como mujer. Le imaginaba como esos chicos que creía que no existían, esos que se pierden mil veces más en dos ojos que en un buen escote. Una persona que valía la pena, sin ninguna duda. Aparte de exageradamente atractivo, con una sonrisa preciosa. Era quizá el chico más guapo del que se había fijado nunca. Y es que lo pensaba, totalmente en serio. Veía a los otros y observaba ya a rostros que no le decían nada, no le transmitían absolutamente nada, podrían ser caras bonitas, si. Pero ninguna tenía que ver con el atractivo especial que veía en Raul, y eso que solo eran fotos.

miércoles, 16 de abril de 2014


1.              UNA DECISIÓN. UN PRESENTIMIENTO.

 

 Allá  a mediados de Abril de 2013, hacía tiempo que ella ya no vivía grandes cosas, cosas que le alegraran. Todo era rutina, todo eran altibajos. Pero nunca bien del todo, era o muy mal o lo de siempre. En eso estaba pensando cuando se miró en el espejo. Ni un grano, piel blanca, suave y perfecta, advirtió que se encontraba más guapa que de costumbre. Y advirtió que también más vacía. Una idea le rondaba hacía ya tiempo, probablemente desde hacía 8 meses, quizá más, pero nunca llegó a aceptarlo. Le sorprendía, pero aún le quedaban fuerzas, y no tenía nada que perder, todo lo que podía perder ya lo había perdido en un pasado que dolía, dolía como una herida que por una razón o por otra no era capaz de cicatrizar.

Tan solo 13 años, pero… ¿Daños? ¿Daños cuántos?

-¿De verdad quieres tomar esa decisión, María? ¿Estás segura? –le preguntaba su madre cada vez que tocaban ese tema, tema que poco a poco había ido cobrando importancia.

-Supongo que lo estoy… - sentenciaba ella. Aunque sus ojos decían lo contrario, gritaban que estaba muerta de miedo…

Pero no había otra opción ni otra salida que le provocara esperanza. No era capaz de contárselo a nadie, pero se sentía profundamente sola allí, cada día la idea de que estaba fuera de lugar iba creciendo más y más. Y eso que estaba rodeada de gente constantemente. Pero  no eran de verdad, eran solo apariencias.

María nunca había tenido un grupo de amigas en el que se sintiera totalmente a gusto, siempre la habían rechazado, pero esa es otra historia.

Sentía que en el grupo en el que supuestamente estaba integrada ella no pegaba, había algo que no le dejaba ser ella misma. Algo que no existía con tres chicas que había considerado hasta el momento ‘amigas’.

 Estela era con la que más unida estaba, pero… ¿Y si un día le fallara como ya había hecho anteriormente? María siempre había acabado perdonándola, aún por mucho daño que Estela había conseguido causarle, ella sentía que la necesitaba pese a todo. Que no tenía a nadie más… Aunque después estaba Tatiana, que para nada le había demostrado en los anteriores días apoyarla… Quizá tampoco estaba a disgusto con ella por su simpatía, simpatía a veces exagerada y falsa, pero al fin y al cabo simpatía ¿No? Y por último consideraba ‘amiga’ a Elena, aunque su independencia característica no le hacía sentirse segura, nada le garantizaba más que sus palabras que ella iba a estar ahí y no iba a fallarle, y las palabras se las lleva el viento. También es verdad que lo estuvo varias veces, en los peores momentos. En los momentos de acoso. Otro motivo de importancia por el que tomar la decisión. Críticas día si día también. Críticas hasta por respirar. Y criticas que debilitaban su autoestima a cada instante. Humillaciones y juicios hacia ella, el caso era juzgar sin conocer sus sentimientos, el caso era jugar a hacer daño. Pero ella se hacía la fuerte, se construía día a día un escudo en el que fingía no importarle nada. Pero aún así el miedo al entrar en clase nada podía pararlo, ya que nunca sabía que iba a depararle el día. María quería desaparecer, en determinadas situaciones quería que se le tragara la tierra, no existir. Sentía que las situaciones podían con ella, y cada vez era más difícil salir de todas ellas sin perder la fuerza.

Se miró una última vez en el espejo… Y si, se confirmó a si misma que la decisión ya estaba tomada. Que ya nada le ataba allí, tan solo un sufrimiento que no quería volver a conocer nunca más. No podía evitar sentirse mal por Estela, ella padecía lo mismo que María, y tampoco tenía a nadie. Pero tampoco había hecho nada por cuidar a la única persona que tenía, no la había valorado y la verdadera confianza entre ellas se rompió hace tiempo. Así que María miró solo por ella. Y con determinación decidió darse otra oportunidad, decidió que era hora de… ¡Cambiarse de colegio!

 

Vivía los días despacio, aunque con prisa. Pero nada podía hacer para que se acabara todo de una vez. María sabía que aún le quedaba un mes y medio de espera. Quizá ahora se encontraba con más fuerzas, porque sabía que nada de todo eso iba a durar mucho más. No quiere decir que no se hundiera. Había días en los que la presión podía con ella, pero intentaba no agachar nunca la cabeza, y se odiaba cuando no conseguía ser valiente, defenderse, cuando se hacía pequeñita, cuando se sentía una hormiga en medio de una manada de elefantes.

 Ella no se soportaba cuando dejaba que la pisaran, sabía que tenía valor pero había días en los que no parecía consciente de ello. Le dolía cada mirada de menosprecio y cada burla. Pero seguía, seguía a pesar de todo.

A lo mejor en el fondo sabía que todo lo que le esperaba en el mes siguiente le compensaría los daños que estaban causándole. Puede ser que intuyera la historia que estaba a punto de vivir, algo que iba a sobrepasar los límites de la conciencia, muy por encima de todo, algo puro. O quizá no lo sabía, ya que era algo mucho mejor de lo que nunca podía haberse imaginado.



 

 

 

 
2.                      Un comienzo

 

 
Era un sábado, un 27 de Abril, un día normal en el que María no había dejado ni un segundo de estudiar, venían los exámenes a la siguiente semana. Y si había algo que la caracterizaba era su empeño y su responsabilidad, su inteligencia. Se volcaba también tanto en estudiar porque era su válvula de escape, como si el mundo se callara cuando ella se concentraba en algo.

Pero en ese día había algo mágico aunque no se saliese demasiado de la rutina. Lo presentía. Un nombre no había parado de repetirse en su mente, un nombre del que no sabía nada, tan solo eso, el nombre. Pero esas dos palabras parecían tener un significado oculto, como si quisieran decir algo que María aún no era capaz de comprender del todo. No le dejaba concentrarse, se había levantado de un sueño que no recordaba más que ese enigmático nombre. No le comentó nada a nadie, simplemente se dedicó a estudiar un poco perturbada por sus pensamientos.

Se hallaba en su cama, descansando de toda la presión que su mente le había proporcionado aquella mañana, ya había comido, eran las cuatro de la tarde. Y sintió la necesidad de saber algo más de aquel nombre, se dirigió al despacho de su casa. A esas horas no había nadie allí, sus padres Perla y Antonio estarían haciendo la siesta. Y su hermana Lara, escuchando música en su habitación. Así que encendió el ordenador y se conectó al tuenti, no había nada nuevo por allí. Tampoco lo esperaba.

-Pero… ¿Qué estás haciendo? – se preguntó en un susurro. Y por un momento pensó en no seguir con aquella locura que le había impulsado hacía allí -¿Lo hago?- dijo para sí.

Y sin cavilar tampoco demasiado, se guió por lo que sentía en el momento, dejando a un lado la razón.

Pulsó el buscador y lentamente escribió eso por lo que estaba allí… ‘Raul López.’ Así era. Ese era el nombre. Y además añadió al buscador Valencia.

Le aparecieron varios chicos, pero solo uno de ellos captó su plena atención, era una foto en la que no se le veía la cara, estaba en una piscina y la foto era en blanco y negro. Le pareció atractivo. Y María no lo sabía pero en aquel acto tan inocente de acercar el cursor del ratón y hacer click en ‘agregar como amigo’, cambió su vida  de repente.

Fue como un aire fresco del que aún ignoraba su existencia. Sólo que le provocaba una extraña sensación. Tenía curiosidad… ¿Era una casualidad? ¿Iba a convertirse aquel chico en alguien importante en su vida? ¿O lo que acababa de ocurrirle era algo sin más, fruto del aburrimiento? No encontró respuesta, y tampoco se preocupó tanto en buscarla. Le gustaba toda aquella situación.

Volvió a su habitación, que ahora parecía estar envuelta en misterio, y se dispuso a estudiar de nuevo.

En su cuarto podía divisarse ahora desde la ventana que daba a la enorme terraza dos tiernos pajaritos, su belleza y su simpatía le incitaban a sonreír. María se atrevió a pensar que estaban enamorados, y dejando llevar su imaginación comenzó a inventar una historia. Sustituyó adentrarse en su mundo de fantasía por el rato de estudio que hubiera tenido que aprovechar.

No fue hasta por la noche cuando tuvo noticias de aquel chico, de aquel tal Raul. Volvió a conectarse al tuenti una vez había acabado de cenar, esta vez desde el móvil.

-No puede ser… -dijo con un hilo de voz, y de repente su cara se llenó de asombro…

¡Le había aceptado! Le abarcó un sentimiento de curiosidad, deseaba saber cómo era, cómo sería su sonrisa, de qué color serían sus ojos, que estado de tuenti tendría, tenía curiosidad por ver  comentarios en su tablón, ya que siempre decían algo de la persona.

‘La vida te da palos, pero tienes que aprender a aguantarlos.’
 

Era algo con lo que ella se identificaba profundamente, había algo en esa frase que le incitaba a saber más de aquel chico. Es solo el estado, pero ella creía que lo que decides poner allí ya dice mucho. Siguió bajando, más y más comentarios… Más estados… Y de repente… Una chica, un te quiero, unas cuantas frases románticas… Y puede ser, solo puede ser que una pequeña ilusión rota.

¿Ilusión rota? María, pero si no sabes nada de él, vete despacio. Seguramente esa chica será su novia, y tú no tienes nada que hacer…Cómo siempre llegas tarde… se decía una y otra vez… Pero no podía dejar de sentir curiosidad, ganas… Era algo que la superaba. Se asustó. Por un momento quiso dejarlo todo, quiso dejar a un lado ese extraño impulso, quiso convencerse de que había llegado demasiado lejos, que aquello era una tontería…

Pero entonces… Se sorprendió a si misma haciendo click en una de sus fotos, y sin darse cuenta fue pasando una a una. Le inundó un sentimiento de ternura. Era eso lo que le transmitía, parecía un chico tan dulce… Y a la vez divertido, ya que salía haciendo el tonto en algunas de las fotos con sus amigos. Le daba la impresión de un chico diferente, se la dio desde el principio. Y a la vez con un estilo que le gustaba, un estilo informal, desenfadado…

Era un chico de estatura media, moreno, muy moreno, de ojos marrones y con una sonrisa que le llamó muchísimo la atención.

Le gustaba. Si. Al menos esa primera impresión le gustaba.

Pero seguro que tu a él no le gustarás ¿Cómo vas a gustarle tú? ¿Encima que vas a decirle? ¿Cómo vas a explicarle que una inexplicable fuerza te llevo hasta el ordenador y te hizo buscar su nombre? María, es patético. Eres patética.

Una voz no paraba de gritar en su interior, le obligaba a dejar todo aquel asunto. Pero ella no quería, luchaba contra eso. Deseaba saber algo más de él…

-Hola J

Un simple hola… ¿Qué más podría decir? ‘Hola, me apetecía agregarte.’ No, demasiado directo.

‘Hola, de repente me vino tu nombre a la cabeza’ NO, ni en broma. Le parecería una loca. ‘Hola, te agregué por error.’ No, demasiado cortante.

‘Hola, Soy María.’ Tampoco, demasiado obvio. Quiza…

-Hola J ¿Quién eres?

 Aquel chico… ¿Cómo se llamaba…? Ah si, Raúl. Raúl le había contestado. Por un motivo que no alcanzaba a comprender le latía el corazón más deprisa. Se sintió ridícula. Dejó el móvil a un lado. Se tumbó en la cama y sonrió. Sin más. Sonrió sin más. Miró al techo. María se pregunta qué debía decirle. María intentaba quitarle importancia al asunto, creer que simplemente era una conversación, un chat de tuenti de dos personas que acaban de agregarse y no saben nada la una de la otra. Y es que eso era.

¿Y si le decía que se había equivocado de persona? ¿Un comienzo bonito? No se lo pensó dos veces… Ya estaba tardando demasiado en responder.

-Nada que me he equivocado de Raúl, pero da igual

-Jajajaja vale

¿Y ya está? ¿Ahí se iba a quedar? No podía ser, tenía que decir algo más. Un indirecta que fuera algo directa…

-Pero me alegro

Se arrepintió nada más darle a enviar… ¿Qué podría estar pensando él?

-Y yo

¿Y yo? ¿El también se alegraba? Sonrió también con el corazón a mil por hora. Es que era tan guapo… Le encantaría conocerle en persona… Pero desechó la idea, pensó que sería algo complicado… Además, no podía creerse que Raúl le hubiera dicho aquello de que se alegraba. ¿Era otra indirecta?

-¿A si? Jajaja –preguntó aún sin confiar demasiado

-Si

Vaya… Pues parecía que si… María se relajó un poco más.

-Pues me alegro de que te alegres

-:)

-¿Qué cuentas? – preguntó ella queriendo dar conversación

-Nada, que vengo de una discoteca ¿Y tú?

¿Discoteca? ¿Había leído bien? Si, se temía que sí. Era una de esas discotecas a las que ella le gustaría ir algún día, en las que seguro que él tendría millones de chicas detrás, seguro que había ligado, estaba segura. Convencida. Con lo guapo que era… ¿Cómo iba a fijarse en alguien como ella? Se echó para atrás un poco…

-Que envidia… Y que… ¿Has ligado mucho?

-Un poco… Pero nada serio. ¿Y tú que cuentas?

Era evidente… ¿Cómo no iba a ligar? Y ella mientras estudiando sola en su cuarto. Patético.

-Yo estoy aquí aburrida, me he pasado toda la tarde estudiando. Tenía que haber ido a la discoteca que has ido tú, jo.

-Pues sí, que rabia

Sonrió otra vez.

-Otra vez será -se atrevió a escribirle María

-Pues si…

-¿Dónde vives?

-Por la avenida del Cid ¿Y tu?

¿Iba en serio? Ella también. No sólo se le ocurría el nombre misteriosamente, no solo le llamaba la atención un único chico de los Raúl López que había en España, no solo vivía en Valencia, no solo le parecía precioso, si no que ahora vivía en la misma avenida que ella. Impresionante.

-¿Si? Yo también. Enfrente de la parada de metro.

-Yo por la cárcel de mujeres. ¿Vives cerca del parque del oeste?

-Si

María vivía justo al lado. Demasiadas casualidades… ¿O eran causalidades?

-Por ahí está mi dentista…

-Bastante cerca de donde vivo yo. ¡Qué casualidad!

Otra más. ¿Cuántas faltaban?

-Ya ves

-¿Vas al instituto el Cid?

No sabía por qué pero lo intuía, y esa intuición le llevó a preguntárselo.

-Si.

Esto ya si que era increíble. Mucho más que eso. El instituto el Cid era al que ella había estado pensando cambiarse. Del que había hablado con su madre. El más cerca de su casa.

-Puede ser que vaya yo también al año que viene.

A partir de ese momento se dejó llevar. 5 minutos después se dieron los whatsapp y hablaron por ahí. María estaba contenta. Aunque solo fuera una tonta conversación, y aunque pudiera quedarse solo en eso, en un intercambio de mensajes.

 

 Raúl tenía 15 años. La edad perfecta. Dos más que ella. Del año 1997. De diciembre. Concretamente el 26. Ella era de 1999, de Julio, el 17. Y a ella Raúl le gustaba, por ahora solo eso. Una atracción. No solo por lo que había visto en sus fotos, que también, si no que aquel chico era distinto a todos los demás con los que había hablado.

El parecía tímido, pero también parecía tener interés por ella. Sobre todo se distinguía en que parecía maduro, no el típico que va a lo que va, que tontea, que solo quiere a una chica para lo que quiere. No, el no. El iba a despacio. Y eso a ella le gustaba. Acababa de tener un hermanito, y le tenía en su foto de perfil. Algo que a María también le conmovía, era tan tierno… Eran tiernos los dos.

 

Aquel día, aquel 27 de Abril, María se atrevió a preguntarle también si tenía novia. Y le sorprendió su respuesta, le alegró también. Ya que él le dijo que no. ¿Y entonces esos comentarios? No le gustaban. No obstante, hizo caso omiso de aquello.
 
 
 
 
 




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