1. UNA DECISIÓN. UN
PRESENTIMIENTO.
Tan solo 13 años, pero…
¿Daños? ¿Daños cuántos?
-¿De verdad quieres tomar esa
decisión, María? ¿Estás segura? –le preguntaba su madre cada vez que tocaban
ese tema, tema que poco a poco había ido cobrando importancia.
-Supongo que lo estoy… -
sentenciaba ella. Aunque sus ojos decían lo contrario, gritaban que estaba
muerta de miedo…
Pero no había otra opción ni
otra salida que le provocara esperanza. No era capaz de contárselo a nadie,
pero se sentía profundamente sola allí, cada día la idea de que estaba fuera de
lugar iba creciendo más y más. Y eso que estaba rodeada de gente
constantemente. Pero no eran de verdad,
eran solo apariencias.
María nunca había tenido un
grupo de amigas en el que se sintiera totalmente a gusto, siempre la habían
rechazado, pero esa es otra historia.
Sentía que en el grupo en el
que supuestamente estaba integrada ella no pegaba, había algo que no le dejaba
ser ella misma. Algo que no existía con tres chicas que había considerado hasta
el momento ‘amigas’.
Estela era con la que más unida estaba, pero…
¿Y si un día le fallara como ya había hecho anteriormente? María siempre había
acabado perdonándola, aún por mucho daño que Estela había conseguido causarle,
ella sentía que la necesitaba pese a todo. Que no tenía a nadie más… Aunque
después estaba Tatiana, que para nada le había demostrado en los anteriores
días apoyarla… Quizá tampoco estaba a disgusto con ella por su simpatía,
simpatía a veces exagerada y falsa, pero al fin y al cabo simpatía ¿No? Y por
último consideraba ‘amiga’ a Elena, aunque su independencia característica no
le hacía sentirse segura, nada le garantizaba más que sus palabras que ella iba
a estar ahí y no iba a fallarle, y las palabras se las lleva el viento. También
es verdad que lo estuvo varias veces, en los peores momentos. En los momentos
de acoso. Otro motivo de importancia por el que tomar la decisión. Críticas día
si día también. Críticas hasta por respirar. Y criticas que debilitaban su
autoestima a cada instante. Humillaciones y juicios hacia ella, el caso era
juzgar sin conocer sus sentimientos, el caso era jugar a hacer daño. Pero ella
se hacía la fuerte, se construía día a día un escudo en el que fingía no
importarle nada. Pero aún así el miedo al entrar en clase nada podía pararlo,
ya que nunca sabía que iba a depararle el día. María quería desaparecer, en
determinadas situaciones quería que se le tragara la tierra, no existir. Sentía
que las situaciones podían con ella, y cada vez era más difícil salir de todas
ellas sin perder la fuerza.
Se miró una última vez en el
espejo… Y si, se confirmó a si misma que la decisión ya estaba tomada. Que ya
nada le ataba allí, tan solo un sufrimiento que no quería volver a conocer
nunca más. No podía evitar sentirse mal por Estela, ella padecía lo mismo que
María, y tampoco tenía a nadie. Pero tampoco había hecho nada por cuidar a la
única persona que tenía, no la había valorado y la verdadera confianza entre
ellas se rompió hace tiempo. Así que María miró solo por ella. Y con
determinación decidió darse otra oportunidad, decidió que era hora de…
¡Cambiarse de colegio!
Vivía los días despacio,
aunque con prisa. Pero nada podía hacer para que se acabara todo de una vez.
María sabía que aún le quedaba un mes y medio de espera. Quizá ahora se
encontraba con más fuerzas, porque sabía que nada de todo eso iba a durar mucho
más. No quiere decir que no se hundiera. Había días en los que la presión podía
con ella, pero intentaba no agachar nunca la cabeza, y se odiaba cuando no
conseguía ser valiente, defenderse, cuando se hacía pequeñita, cuando se sentía
una hormiga en medio de una manada de elefantes.
Ella no se soportaba cuando dejaba que la
pisaran, sabía que tenía valor pero había días en los que no parecía consciente
de ello. Le dolía cada mirada de menosprecio y cada burla. Pero seguía, seguía
a pesar de todo.
A lo mejor en el fondo sabía
que todo lo que le esperaba en el mes siguiente le compensaría los daños que
estaban causándole. Puede ser que intuyera la historia que estaba a punto de
vivir, algo que iba a sobrepasar los límites de la conciencia, muy por encima
de todo, algo puro. O quizá no lo sabía, ya que era algo mucho mejor de lo que
nunca podía haberse imaginado.

Pero en ese día había algo
mágico aunque no se saliese demasiado de la rutina. Lo presentía. Un nombre no
había parado de repetirse en su mente, un nombre del que no sabía nada, tan
solo eso, el nombre. Pero esas dos palabras parecían tener un significado
oculto, como si quisieran decir algo que María aún no era capaz de comprender
del todo. No le dejaba concentrarse, se había levantado de un sueño que no
recordaba más que ese enigmático nombre. No le comentó nada a nadie,
simplemente se dedicó a estudiar un poco perturbada por sus pensamientos.
Se hallaba en su cama,
descansando de toda la presión que su mente le había proporcionado aquella
mañana, ya había comido, eran las cuatro de la tarde. Y sintió la necesidad de
saber algo más de aquel nombre, se dirigió al despacho de su casa. A esas horas
no había nadie allí, sus padres Perla y Antonio estarían haciendo la siesta. Y
su hermana Lara, escuchando música en su habitación. Así que encendió el
ordenador y se conectó al tuenti, no había nada nuevo por allí. Tampoco lo
esperaba.
-Pero… ¿Qué estás haciendo? –
se preguntó en un susurro. Y por un momento pensó en no seguir con aquella
locura que le había impulsado hacía allí -¿Lo hago?- dijo para sí.
Y sin cavilar tampoco
demasiado, se guió por lo que sentía en el momento, dejando a un lado la razón.
Pulsó el buscador y lentamente
escribió eso por lo que estaba allí… ‘Raul López.’ Así era. Ese era el
nombre. Y además añadió al buscador Valencia.
Le aparecieron varios chicos,
pero solo uno de ellos captó su plena atención, era una foto en la que no se le
veía la cara, estaba en una piscina y la foto era en blanco y negro. Le pareció
atractivo. Y María no lo sabía pero en aquel acto tan inocente de acercar el
cursor del ratón y hacer click en ‘agregar como amigo’, cambió su vida de repente.
Fue como un aire fresco del
que aún ignoraba su existencia. Sólo que le provocaba una extraña sensación.
Tenía curiosidad… ¿Era una casualidad? ¿Iba a convertirse aquel chico en
alguien importante en su vida? ¿O lo que acababa de ocurrirle era algo sin más,
fruto del aburrimiento? No encontró respuesta, y tampoco se preocupó tanto en
buscarla. Le gustaba toda aquella situación.
Volvió a su habitación, que
ahora parecía estar envuelta en misterio, y se dispuso a estudiar de nuevo.
En su cuarto podía divisarse
ahora desde la ventana que daba a la enorme terraza dos tiernos pajaritos, su
belleza y su simpatía le incitaban a sonreír. María se atrevió a pensar que
estaban enamorados, y dejando llevar su imaginación comenzó a inventar una
historia. Sustituyó adentrarse en su mundo de fantasía por el rato de estudio
que hubiera tenido que aprovechar.
No fue hasta por la noche
cuando tuvo noticias de aquel chico, de aquel tal Raul. Volvió a conectarse al
tuenti una vez había acabado de cenar, esta vez desde el móvil.
-No puede ser… -dijo con un
hilo de voz, y de repente su cara se llenó de asombro…
¡Le había aceptado! Le abarcó
un sentimiento de curiosidad, deseaba saber cómo era, cómo sería su sonrisa, de
qué color serían sus ojos, que estado de tuenti tendría, tenía curiosidad por
ver comentarios en su tablón, ya que
siempre decían algo de la persona.
‘La vida te da palos, pero
tienes que aprender a aguantarlos.’
Era algo con lo que ella se
identificaba profundamente, había algo en esa frase que le incitaba a saber más
de aquel chico. Es solo el estado, pero ella creía que lo que decides poner
allí ya dice mucho. Siguió bajando, más y más comentarios… Más estados… Y de
repente… Una chica, un te quiero, unas cuantas frases románticas… Y puede ser,
solo puede ser que una pequeña ilusión rota.
¿Ilusión rota? María, pero si no sabes nada de él, vete despacio.
Seguramente esa chica será su novia, y tú no tienes nada que hacer…Cómo siempre
llegas tarde… se decía una y otra vez… Pero no podía dejar de sentir
curiosidad, ganas… Era algo que la superaba. Se asustó. Por un momento quiso
dejarlo todo, quiso dejar a un lado ese extraño impulso, quiso convencerse de
que había llegado demasiado lejos, que aquello era una tontería…
Pero entonces… Se sorprendió a
si misma haciendo click en una de sus fotos, y sin darse cuenta fue pasando una
a una. Le inundó un sentimiento de ternura. Era eso lo que le transmitía,
parecía un chico tan dulce… Y a la vez divertido, ya que salía haciendo el
tonto en algunas de las fotos con sus amigos. Le daba la impresión de un chico
diferente, se la dio desde el principio. Y a la vez con un estilo que le
gustaba, un estilo informal, desenfadado…
Era un chico de estatura
media, moreno, muy moreno, de ojos marrones y con una sonrisa que le llamó
muchísimo la atención.
Le gustaba. Si. Al menos esa
primera impresión le gustaba.
Pero seguro que tu a él no le gustarás ¿Cómo vas a gustarle tú? ¿Encima
que vas a decirle? ¿Cómo vas a explicarle que una inexplicable fuerza te llevo
hasta el ordenador y te hizo buscar su nombre? María, es patético. Eres
patética.
Una voz no paraba de gritar en
su interior, le obligaba a dejar todo aquel asunto. Pero ella no quería,
luchaba contra eso. Deseaba saber algo más de él…
-Hola J
Un simple hola… ¿Qué más
podría decir? ‘Hola, me apetecía agregarte.’ No, demasiado directo.
‘Hola, de repente me vino tu
nombre a la cabeza’ NO, ni en broma. Le parecería una loca. ‘Hola, te agregué
por error.’ No, demasiado cortante.
‘Hola, Soy María.’ Tampoco,
demasiado obvio. Quiza…
-Hola J ¿Quién eres?
Aquel chico… ¿Cómo se llamaba…? Ah si, Raúl.
Raúl le había contestado. Por un motivo que no alcanzaba a comprender le
latía el corazón más deprisa. Se sintió ridícula. Dejó el móvil a un lado. Se
tumbó en la cama y sonrió. Sin más. Sonrió sin más. Miró al techo. María se
pregunta qué debía decirle. María intentaba quitarle importancia al asunto,
creer que simplemente era una conversación, un chat de tuenti de dos personas
que acaban de agregarse y no saben nada la una de la otra. Y es que eso era.
¿Y si le decía que se había
equivocado de persona? ¿Un comienzo bonito? No se lo pensó dos veces… Ya estaba
tardando demasiado en responder.
-Nada que me he equivocado de Raúl, pero da igual
-Jajajaja vale
¿Y ya está? ¿Ahí se iba a
quedar? No podía ser, tenía que decir algo más. Un indirecta que fuera algo
directa…
-Pero me alegro
Se arrepintió nada más darle a
enviar… ¿Qué podría estar pensando él?
-Y yo
¿Y yo? ¿El también se
alegraba? Sonrió también con el corazón a mil por hora. Es que era tan guapo…
Le encantaría conocerle en persona… Pero desechó la idea, pensó que sería algo
complicado… Además, no podía creerse que Raúl le hubiera dicho aquello de que
se alegraba. ¿Era otra indirecta?
-¿A si? Jajaja –preguntó aún
sin confiar demasiado
-Si
Vaya… Pues parecía que si…
María se relajó un poco más.
-Pues me alegro de que te
alegres
-:)
-¿Qué cuentas? – preguntó ella
queriendo dar conversación
-Nada, que vengo de una
discoteca ¿Y tú?
¿Discoteca? ¿Había leído bien?
Si, se temía que sí. Era una de esas discotecas a las que ella le gustaría ir
algún día, en las que seguro que él tendría millones de chicas detrás, seguro
que había ligado, estaba segura. Convencida. Con lo guapo que era… ¿Cómo iba a
fijarse en alguien como ella? Se echó para atrás un poco…
-Que envidia… Y que… ¿Has
ligado mucho?
-Un poco… Pero nada serio. ¿Y
tú que cuentas?
Era evidente… ¿Cómo no iba a
ligar? Y ella mientras estudiando sola en su cuarto. Patético.
-Yo estoy aquí aburrida, me he
pasado toda la tarde estudiando. Tenía que haber ido a la discoteca que has ido
tú, jo.
-Pues sí, que rabia
Sonrió otra vez.
-Otra vez será
-se atrevió a escribirle María
-Pues si…
-¿Dónde vives?
-Por la avenida del Cid ¿Y tu?
¿Iba en serio? Ella también.
No sólo se le ocurría el nombre misteriosamente, no solo le llamaba la atención
un único chico de los Raúl López que había en España, no solo vivía en
Valencia, no solo le parecía precioso, si no que ahora vivía en la misma
avenida que ella. Impresionante.
-¿Si? Yo también. Enfrente de la parada de metro.
-Yo por la cárcel de mujeres. ¿Vives cerca del parque del oeste?
-Si
María vivía justo al lado.
Demasiadas casualidades… ¿O eran causalidades?
-Por ahí está mi dentista…
-Bastante cerca de donde vivo yo. ¡Qué casualidad!
Otra más. ¿Cuántas faltaban?
-Ya ves
-¿Vas al instituto el Cid?
No sabía por qué pero lo
intuía, y esa intuición le llevó a preguntárselo.
-Si.
Esto ya si que era increíble.
Mucho más que eso. El instituto el Cid era al que ella había estado pensando
cambiarse. Del que había hablado con su madre. El más cerca de su casa.
-Puede ser que vaya yo también
al año que viene.
A partir de ese momento se
dejó llevar. 5 minutos después se dieron los whatsapp y hablaron por ahí.
María estaba contenta. Aunque solo fuera una tonta conversación, y aunque
pudiera quedarse solo en eso, en un intercambio de mensajes.
El parecía tímido, pero
también parecía tener interés por ella. Sobre todo se distinguía en que parecía
maduro, no el típico que va a lo que va, que tontea, que solo quiere a una
chica para lo que quiere. No, el no. El iba a despacio. Y eso a ella le gustaba.
Acababa de tener un hermanito, y le tenía en su foto de perfil. Algo que a
María también le conmovía, era tan tierno… Eran tiernos los dos.
Aquel día, aquel 27 de Abril,
María se atrevió a preguntarle también si tenía novia. Y le sorprendió su respuesta,
le alegró también. Ya que él le dijo que no. ¿Y entonces esos comentarios? No
le gustaban. No obstante, hizo caso omiso de aquello.
(

Parece interesante. Adelante...
ResponderEliminarhola, encontré tu blog por casualidad... está muy bonito tu relato, muy bien escrito :) te sigo a ver cuándo publicas más? y si quieres sígueme aquí :) http://www.prontollegaraelsalvador.blogspot.com/
ResponderEliminaradiós