(Continuación 3)
2. EL ENCUENTRO
2. EL ENCUENTRO
Una calurosa tarde de
principios de Mayo, me atrevería a decir que un martes, estaban hablando por
whatsapp. Como siempre Raul empezó la conversación primero, cosa que a María
le encantaba. Y él le dijo que estaba en la sala de espera del dentista. El
dentista que, por otra casualidad más, estaba debajo de su casa. Y a ella se le
ocurrió una idea, una idea que le entusiasmaba, que le llenaba de curiosidad y
ganas.
-Si quieres cuando salgas
avísame, así me asomo al balcón y te saludo J
Escribió con el corazón a mil,
esperando la respuesta con ansia
-ValeJ
¡Le había dicho que si! Eso
quería decir que le vería, que podría verle, por primera vez, que observaría
como es. Algo demasiado interesante, algo que le hacía sentir unas mariposas en
el estómago, unos nervios descomunales, y un interés bastante enorme también.
Pasaron los minutos… 1… ¡Pf, que nervios y que ganas!
2… ¡Ojalá que no tarde mucho…!
3… ¿Cómo será?
4… ¿Me saludara con gracia? ¿Con
timidez? ¿Con ganas? ¿Con amor? ¿O no lo hará siquiera?
5… Empiezo a impacientarme…
6… ¿Ya?
7… PF, me aburro
8… Tarda demasiado.
-Ya salgo
¿Qué? ¿Ya? Tenía que darse
prisa en abrir la terraza… Ya estaba girando la llave de la reja y abriendo la
puerta cuando… ¿Y esos pelos? No iba a dejar que la primera impresión que se
llevara de ella fuera esa. Corrió al baño a peinarse. ¿Moño? No, demasiado
desarreglado.
¿Pelo suelto? Encrespado…
¿Coleta? Horrible.
Ya estaba tardando demasiado y
temía que se fuera. Así que se dejó el pelo estar. Salió y miró por el balcón.
Pero no veía nada. No veía a nadie.
-No te veo –escribió
-Pues voy por el descampado
Claro, el descampado… ¿Cómo no
lo había pensado antes? Para ir a su casa tenía que pasar por allí. Se dirigió
a la parte de la terraza que daba allí. Pero seguí sin ver nada. No había
nadie.
-Jo, no te veo.
-Es que ya me he ido, jo. He
mirado hacia arriba y no te veía.
Que rabia, no tenía que haber
ido al baño. Ahora ya no podía verle. Pero… ¿Y si le decía de quedar? Ya iba
siendo hora, llevaban hablando dos semanas, y María tenía bastantes ganas.
¿Por qué no? Y sin pensárselo
demasiado lo escribió…
-Bueno, ya nos veremos otro
día. Si quieres podríamos quedar.
-Vale, cuando quieras.
Cuando leyó aquello le entro
la risa tonta, y otra vez el corazón le fue más deprisa. No debía ser bueno,
cualquier día de estos se le iba a salir del pecho.
-¿Quieres este viernes?
-Vale ¿A qué hora?
-A las seis y media… ¿En el
dentista?
-Vale J
-Qué ganas
-Ya ves J
No podía creérselo. No solo
había le había dicho que si, si no que habían quedado. María había tenido el
valor para preguntárselo. Y además el había aceptado. Y además… ¡Este viernes!
Que nervios, y que ganas… ¡Y que todo! Tenía una intuición, ese viernes 10 de
Mayo le iba a cambiar todo. Iba a romper todos sus esquemas, iba a
descolocarle, iba encenderse algo, y apagarse unas cuantas cosas más. Deseaba
que llegara ya. Y a la vez no. A la vez
tenía miedo.
Durante los siguientes días
intentó relajarse. Y podría decirse que más o menos los consiguió. Consiguió no
ilusionarse demasiado, por si después las cosas no resultaban ser como ella
esperaba, para que el golpe no fuera tan seco, tan repentino. Se lo contó a
Estela y a Tatiana, incluso se interesó también una amiga de Estela llamada
Carolina, con la que se llevaba bastante bien. Le dieron consejos, y le
apoyaron con sus nervios… Que por mucha relajación que quería aparentar tener,
nervios los había. No sabía absolutamente nada de él. Ni de cómo iba a irle esa
tarde. Estaba en blanco. Y le recordaba a… un libro en blanco. Una historia que
se comenzó a escribir unas cuantas hojas antes, pero que realmente no era nada
con las hojas en blanco que faltaban por llenar. Con lágrimas, sonrisas, con
largos paseos o tardes en un banco, con películas en un cine o con una amistad
eterna. Que aún faltaba mucho por contar. Que esa era su historia, que ella
decidía como seguirla. Decidía si acabarla, si dejarse llevar, si dar pie a
algo bonito, si negarse, o si dejar de darle importancia. Y por un momento, por
ese jueves antes de conocer a Raul, se sintió dueña de su destino.
Y llegó el día. Un 10 de Mayo.
Un día en el que María había llevado aquella camiseta rosa, tan dulce, tan
delicada, tan... como ella, un día en que no había parado de preguntarse qué
sería de aquel libro en blanco al lunes siguiente. Un día en el que no era capaz
de sostener una conversación con sus cinco sentidos, ya que siempre había
alguno que andaba ocupado en asuntos que tenían que ver con un dentista, con un
saludo, y quizá con un comienzo.
Un encuentro, ni más ni menos.
Se despidió de sus amigas a
última hora de aquella jornada de viernes. Las cuatro y media eran.
-Adios… Estoy muy nerviosa –le
comentó a Estela minutos antes de su despedida.
-No te preocupes, se tu misma.
Ya verás cómo te va bien
Y se dieron un abrazo.
-Ya nos contarás – dijo
Tatiana con su habitual sonrisa. Esa sonrisa que nunca llegabas a comprender si
era falsa o era de verdad. Si era una mentira. Pero era una sonrisa ¿No?
Sonrisa al fin y al cabo.
Al llegar a casa había dudas,
muchísimas. No sabía para donde tirar, ni que hacer, ni si debía sentir lo que
sentía. Porque era miedo. Era miedo a lo desconocido, porque no sabía con que o
quien se iba a encontrar. Porque esa tontería de aquel nombre puede ser que
hubiera llegado demasiado lejos. Se sentó en el sillón de la terraza. Se
acomodó, eran las cinco.
Su madre Perla estaba a su
lado, en el otro sillón.
-No sé si ir…
Y era verdad. No lo sabía. El
miedo se apoderó de ella, y por un momento se le quitaron las ganas, se le
comió la vergüenza. Y de repente aquel encuentro le parecía algo incómodo y
frio.
-¿Por qué? –preguntó su madre,
que era sabedora de toda la historia.
-No lo sé, me da vergüenza…
-No vayas si no quieres –a
Perla parecía no hacerle nada de gracia aquello. También tenía miedo. Su hija
iba a quedar con un chico al cual no conocía de nada más que de tres o cuatro
conversaciones detrás de una pantalla de un móvil. Pero optó por no mostrarlo.
Aunque a María le resultaba evidente.
-El caso es que si que quiero
Y fue en ese justo momento.
Cuando recordó todo su pasado. Y en su mente se dibujó una gran mancha gris,
una sensación desagradable, como si se encontrara en un lugar al que no le
gustaba volver. Recordó todos sus desengaños, todas las veces que le habían
fallado como a la que más. Se acordó de todas esas risas, cuando se burlaban de
ella por lo que fuera, cuando las críticas le ahogaban y no le dejaban ser ella
misma.
De pronto volvió al presente,
debería haberse sentido insegura con todo aquel retal de memorias. Pero aunque
hubiera sido lo más lógico no fue así. Reflexionó sobre aquello. Ya bastaba de
malas noticias, de dramas, de malos tragos. ¿Ya estaba bien no? Si, ya había
sido suficiente. Y ahora un chico la esperaría dentro de aproximadamente una
hora, un chico que parecía tener interés por ella, un chico único, sensato e
interesante. Tenía un presentimiento, o más bien lo llevaba dentro de ella hace
tiempo. Pero en aquel momento se acentúo un poco más. ¿Y si iba y todo salía
bien? ¿Y si por miedos desperdiciaba una oportunidad que algo o alguien le
estaba dando? Oportunidad de que algo le saliera bien en su vida. Y aquella
sensación de un libro en blanco apareció de nuevo en su cabeza. ¡Le esperaba
algo bonito! Y tanto… Si, era así.
María, vete, no tardes. ¿A que estas esperando? Una voz resonaba en su cabeza
Es tu vida, corre antes de que se largue el tren… Si, ya podía
correr.
Correr a arreglarse. Porque no
lo estaba. Ya podía darse prisa. Lo había decidido. Iría. Y se dejaría llevar,
y lo que tuviera que surgir pues surgiría.
Se vistió cuidadosamente,
eligió una camiseta blanca, combinándolo debajo con un top marrón. Y unos
vaqueros desgastados, los rotos. Si, esos. Le daban un aire especial. Arreglada
y a la vez casual. Y unas zapatillas rosas. María se miró en el espejo,
observó aquellas pequitas que ya estaban saliéndole poco a poco por el sol. Y
también su pelo rizado y oscuro. Un pelo muy bonito, si. Maquilló ligeramente
sus ojos, ni mucho ni poco. Ralla y rímel, lo justo. Adornó también sus labios
con un poco de gloss, aunque no tenía
pensando usarlos aquella tarde. Poco a poco, así sería más especial.
Quedaban 10 minutos para las
seis y media. Y algo le faltaba, una canción. Una canción que le subiera los
ánimos. La autoestima. La seguridad. Que le quitara la timidez. Porque esa
tarde iba a necesitar de todo menos eso último. ‘Chica deseada’ de Cosmik. Esa
estaba bien.
Mientras la escuchaba no podía
evitar sentir esas mariposas allí dentro. En su estómago, que amenazaban con
quedarse toda la tarde.
-Ya estoy J
Un whatsapp, Raul. Ya estaba.
Esperándola a ella. Se le apoderaron los nervios una vez más, y lucho contra
ellos. Poco a poco se dirigió a la puerta. Se despidió de su hermana y sus
padres y llamó al ascensor. ¿Qué ocurriría? Era un misterio. Una locura. Algo
que le encantaba. Y algo que estaba a punto de descubrir en lo que tardara el
ascensor en bajar, en lo que tardara ella en abrir la puerta de su patio y
dirigirse unos 5 metros hasta el dentista.
El corazón le iba a mil no, a
dos mil por hora. Tragó saliva y se notó la boca seca, se miró por última vez
en el espejo y se concedió su aprobación.
Es lo que has estado esperando, no te eches atrás ahora.

ahh ya encontré la parte 3! interesantíiiiiiisimo esperemos que todo le salga bien a la chica y que no se encuentre con nada malo... avísame cuando tengas la parte 4 :DDDD
ResponderEliminarMuchas gracias:) Ya tienes la parte 4, espero que te guste <3
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