miércoles, 16 de abril de 2014


1.              UNA DECISIÓN. UN PRESENTIMIENTO.

 

 Allá  a mediados de Abril de 2013, hacía tiempo que ella ya no vivía grandes cosas, cosas que le alegraran. Todo era rutina, todo eran altibajos. Pero nunca bien del todo, era o muy mal o lo de siempre. En eso estaba pensando cuando se miró en el espejo. Ni un grano, piel blanca, suave y perfecta, advirtió que se encontraba más guapa que de costumbre. Y advirtió que también más vacía. Una idea le rondaba hacía ya tiempo, probablemente desde hacía 8 meses, quizá más, pero nunca llegó a aceptarlo. Le sorprendía, pero aún le quedaban fuerzas, y no tenía nada que perder, todo lo que podía perder ya lo había perdido en un pasado que dolía, dolía como una herida que por una razón o por otra no era capaz de cicatrizar.

Tan solo 13 años, pero… ¿Daños? ¿Daños cuántos?

-¿De verdad quieres tomar esa decisión, María? ¿Estás segura? –le preguntaba su madre cada vez que tocaban ese tema, tema que poco a poco había ido cobrando importancia.

-Supongo que lo estoy… - sentenciaba ella. Aunque sus ojos decían lo contrario, gritaban que estaba muerta de miedo…

Pero no había otra opción ni otra salida que le provocara esperanza. No era capaz de contárselo a nadie, pero se sentía profundamente sola allí, cada día la idea de que estaba fuera de lugar iba creciendo más y más. Y eso que estaba rodeada de gente constantemente. Pero  no eran de verdad, eran solo apariencias.

María nunca había tenido un grupo de amigas en el que se sintiera totalmente a gusto, siempre la habían rechazado, pero esa es otra historia.

Sentía que en el grupo en el que supuestamente estaba integrada ella no pegaba, había algo que no le dejaba ser ella misma. Algo que no existía con tres chicas que había considerado hasta el momento ‘amigas’.

 Estela era con la que más unida estaba, pero… ¿Y si un día le fallara como ya había hecho anteriormente? María siempre había acabado perdonándola, aún por mucho daño que Estela había conseguido causarle, ella sentía que la necesitaba pese a todo. Que no tenía a nadie más… Aunque después estaba Tatiana, que para nada le había demostrado en los anteriores días apoyarla… Quizá tampoco estaba a disgusto con ella por su simpatía, simpatía a veces exagerada y falsa, pero al fin y al cabo simpatía ¿No? Y por último consideraba ‘amiga’ a Elena, aunque su independencia característica no le hacía sentirse segura, nada le garantizaba más que sus palabras que ella iba a estar ahí y no iba a fallarle, y las palabras se las lleva el viento. También es verdad que lo estuvo varias veces, en los peores momentos. En los momentos de acoso. Otro motivo de importancia por el que tomar la decisión. Críticas día si día también. Críticas hasta por respirar. Y criticas que debilitaban su autoestima a cada instante. Humillaciones y juicios hacia ella, el caso era juzgar sin conocer sus sentimientos, el caso era jugar a hacer daño. Pero ella se hacía la fuerte, se construía día a día un escudo en el que fingía no importarle nada. Pero aún así el miedo al entrar en clase nada podía pararlo, ya que nunca sabía que iba a depararle el día. María quería desaparecer, en determinadas situaciones quería que se le tragara la tierra, no existir. Sentía que las situaciones podían con ella, y cada vez era más difícil salir de todas ellas sin perder la fuerza.

Se miró una última vez en el espejo… Y si, se confirmó a si misma que la decisión ya estaba tomada. Que ya nada le ataba allí, tan solo un sufrimiento que no quería volver a conocer nunca más. No podía evitar sentirse mal por Estela, ella padecía lo mismo que María, y tampoco tenía a nadie. Pero tampoco había hecho nada por cuidar a la única persona que tenía, no la había valorado y la verdadera confianza entre ellas se rompió hace tiempo. Así que María miró solo por ella. Y con determinación decidió darse otra oportunidad, decidió que era hora de… ¡Cambiarse de colegio!

 

Vivía los días despacio, aunque con prisa. Pero nada podía hacer para que se acabara todo de una vez. María sabía que aún le quedaba un mes y medio de espera. Quizá ahora se encontraba con más fuerzas, porque sabía que nada de todo eso iba a durar mucho más. No quiere decir que no se hundiera. Había días en los que la presión podía con ella, pero intentaba no agachar nunca la cabeza, y se odiaba cuando no conseguía ser valiente, defenderse, cuando se hacía pequeñita, cuando se sentía una hormiga en medio de una manada de elefantes.

 Ella no se soportaba cuando dejaba que la pisaran, sabía que tenía valor pero había días en los que no parecía consciente de ello. Le dolía cada mirada de menosprecio y cada burla. Pero seguía, seguía a pesar de todo.

A lo mejor en el fondo sabía que todo lo que le esperaba en el mes siguiente le compensaría los daños que estaban causándole. Puede ser que intuyera la historia que estaba a punto de vivir, algo que iba a sobrepasar los límites de la conciencia, muy por encima de todo, algo puro. O quizá no lo sabía, ya que era algo mucho mejor de lo que nunca podía haberse imaginado.



 

 

 

 
2.                      Un comienzo

 

 
Era un sábado, un 27 de Abril, un día normal en el que María no había dejado ni un segundo de estudiar, venían los exámenes a la siguiente semana. Y si había algo que la caracterizaba era su empeño y su responsabilidad, su inteligencia. Se volcaba también tanto en estudiar porque era su válvula de escape, como si el mundo se callara cuando ella se concentraba en algo.

Pero en ese día había algo mágico aunque no se saliese demasiado de la rutina. Lo presentía. Un nombre no había parado de repetirse en su mente, un nombre del que no sabía nada, tan solo eso, el nombre. Pero esas dos palabras parecían tener un significado oculto, como si quisieran decir algo que María aún no era capaz de comprender del todo. No le dejaba concentrarse, se había levantado de un sueño que no recordaba más que ese enigmático nombre. No le comentó nada a nadie, simplemente se dedicó a estudiar un poco perturbada por sus pensamientos.

Se hallaba en su cama, descansando de toda la presión que su mente le había proporcionado aquella mañana, ya había comido, eran las cuatro de la tarde. Y sintió la necesidad de saber algo más de aquel nombre, se dirigió al despacho de su casa. A esas horas no había nadie allí, sus padres Perla y Antonio estarían haciendo la siesta. Y su hermana Lara, escuchando música en su habitación. Así que encendió el ordenador y se conectó al tuenti, no había nada nuevo por allí. Tampoco lo esperaba.

-Pero… ¿Qué estás haciendo? – se preguntó en un susurro. Y por un momento pensó en no seguir con aquella locura que le había impulsado hacía allí -¿Lo hago?- dijo para sí.

Y sin cavilar tampoco demasiado, se guió por lo que sentía en el momento, dejando a un lado la razón.

Pulsó el buscador y lentamente escribió eso por lo que estaba allí… ‘Raul López.’ Así era. Ese era el nombre. Y además añadió al buscador Valencia.

Le aparecieron varios chicos, pero solo uno de ellos captó su plena atención, era una foto en la que no se le veía la cara, estaba en una piscina y la foto era en blanco y negro. Le pareció atractivo. Y María no lo sabía pero en aquel acto tan inocente de acercar el cursor del ratón y hacer click en ‘agregar como amigo’, cambió su vida  de repente.

Fue como un aire fresco del que aún ignoraba su existencia. Sólo que le provocaba una extraña sensación. Tenía curiosidad… ¿Era una casualidad? ¿Iba a convertirse aquel chico en alguien importante en su vida? ¿O lo que acababa de ocurrirle era algo sin más, fruto del aburrimiento? No encontró respuesta, y tampoco se preocupó tanto en buscarla. Le gustaba toda aquella situación.

Volvió a su habitación, que ahora parecía estar envuelta en misterio, y se dispuso a estudiar de nuevo.

En su cuarto podía divisarse ahora desde la ventana que daba a la enorme terraza dos tiernos pajaritos, su belleza y su simpatía le incitaban a sonreír. María se atrevió a pensar que estaban enamorados, y dejando llevar su imaginación comenzó a inventar una historia. Sustituyó adentrarse en su mundo de fantasía por el rato de estudio que hubiera tenido que aprovechar.

No fue hasta por la noche cuando tuvo noticias de aquel chico, de aquel tal Raul. Volvió a conectarse al tuenti una vez había acabado de cenar, esta vez desde el móvil.

-No puede ser… -dijo con un hilo de voz, y de repente su cara se llenó de asombro…

¡Le había aceptado! Le abarcó un sentimiento de curiosidad, deseaba saber cómo era, cómo sería su sonrisa, de qué color serían sus ojos, que estado de tuenti tendría, tenía curiosidad por ver  comentarios en su tablón, ya que siempre decían algo de la persona.

‘La vida te da palos, pero tienes que aprender a aguantarlos.’
 

Era algo con lo que ella se identificaba profundamente, había algo en esa frase que le incitaba a saber más de aquel chico. Es solo el estado, pero ella creía que lo que decides poner allí ya dice mucho. Siguió bajando, más y más comentarios… Más estados… Y de repente… Una chica, un te quiero, unas cuantas frases románticas… Y puede ser, solo puede ser que una pequeña ilusión rota.

¿Ilusión rota? María, pero si no sabes nada de él, vete despacio. Seguramente esa chica será su novia, y tú no tienes nada que hacer…Cómo siempre llegas tarde… se decía una y otra vez… Pero no podía dejar de sentir curiosidad, ganas… Era algo que la superaba. Se asustó. Por un momento quiso dejarlo todo, quiso dejar a un lado ese extraño impulso, quiso convencerse de que había llegado demasiado lejos, que aquello era una tontería…

Pero entonces… Se sorprendió a si misma haciendo click en una de sus fotos, y sin darse cuenta fue pasando una a una. Le inundó un sentimiento de ternura. Era eso lo que le transmitía, parecía un chico tan dulce… Y a la vez divertido, ya que salía haciendo el tonto en algunas de las fotos con sus amigos. Le daba la impresión de un chico diferente, se la dio desde el principio. Y a la vez con un estilo que le gustaba, un estilo informal, desenfadado…

Era un chico de estatura media, moreno, muy moreno, de ojos marrones y con una sonrisa que le llamó muchísimo la atención.

Le gustaba. Si. Al menos esa primera impresión le gustaba.

Pero seguro que tu a él no le gustarás ¿Cómo vas a gustarle tú? ¿Encima que vas a decirle? ¿Cómo vas a explicarle que una inexplicable fuerza te llevo hasta el ordenador y te hizo buscar su nombre? María, es patético. Eres patética.

Una voz no paraba de gritar en su interior, le obligaba a dejar todo aquel asunto. Pero ella no quería, luchaba contra eso. Deseaba saber algo más de él…

-Hola J

Un simple hola… ¿Qué más podría decir? ‘Hola, me apetecía agregarte.’ No, demasiado directo.

‘Hola, de repente me vino tu nombre a la cabeza’ NO, ni en broma. Le parecería una loca. ‘Hola, te agregué por error.’ No, demasiado cortante.

‘Hola, Soy María.’ Tampoco, demasiado obvio. Quiza…

-Hola J ¿Quién eres?

 Aquel chico… ¿Cómo se llamaba…? Ah si, Raúl. Raúl le había contestado. Por un motivo que no alcanzaba a comprender le latía el corazón más deprisa. Se sintió ridícula. Dejó el móvil a un lado. Se tumbó en la cama y sonrió. Sin más. Sonrió sin más. Miró al techo. María se pregunta qué debía decirle. María intentaba quitarle importancia al asunto, creer que simplemente era una conversación, un chat de tuenti de dos personas que acaban de agregarse y no saben nada la una de la otra. Y es que eso era.

¿Y si le decía que se había equivocado de persona? ¿Un comienzo bonito? No se lo pensó dos veces… Ya estaba tardando demasiado en responder.

-Nada que me he equivocado de Raúl, pero da igual

-Jajajaja vale

¿Y ya está? ¿Ahí se iba a quedar? No podía ser, tenía que decir algo más. Un indirecta que fuera algo directa…

-Pero me alegro

Se arrepintió nada más darle a enviar… ¿Qué podría estar pensando él?

-Y yo

¿Y yo? ¿El también se alegraba? Sonrió también con el corazón a mil por hora. Es que era tan guapo… Le encantaría conocerle en persona… Pero desechó la idea, pensó que sería algo complicado… Además, no podía creerse que Raúl le hubiera dicho aquello de que se alegraba. ¿Era otra indirecta?

-¿A si? Jajaja –preguntó aún sin confiar demasiado

-Si

Vaya… Pues parecía que si… María se relajó un poco más.

-Pues me alegro de que te alegres

-:)

-¿Qué cuentas? – preguntó ella queriendo dar conversación

-Nada, que vengo de una discoteca ¿Y tú?

¿Discoteca? ¿Había leído bien? Si, se temía que sí. Era una de esas discotecas a las que ella le gustaría ir algún día, en las que seguro que él tendría millones de chicas detrás, seguro que había ligado, estaba segura. Convencida. Con lo guapo que era… ¿Cómo iba a fijarse en alguien como ella? Se echó para atrás un poco…

-Que envidia… Y que… ¿Has ligado mucho?

-Un poco… Pero nada serio. ¿Y tú que cuentas?

Era evidente… ¿Cómo no iba a ligar? Y ella mientras estudiando sola en su cuarto. Patético.

-Yo estoy aquí aburrida, me he pasado toda la tarde estudiando. Tenía que haber ido a la discoteca que has ido tú, jo.

-Pues sí, que rabia

Sonrió otra vez.

-Otra vez será -se atrevió a escribirle María

-Pues si…

-¿Dónde vives?

-Por la avenida del Cid ¿Y tu?

¿Iba en serio? Ella también. No sólo se le ocurría el nombre misteriosamente, no solo le llamaba la atención un único chico de los Raúl López que había en España, no solo vivía en Valencia, no solo le parecía precioso, si no que ahora vivía en la misma avenida que ella. Impresionante.

-¿Si? Yo también. Enfrente de la parada de metro.

-Yo por la cárcel de mujeres. ¿Vives cerca del parque del oeste?

-Si

María vivía justo al lado. Demasiadas casualidades… ¿O eran causalidades?

-Por ahí está mi dentista…

-Bastante cerca de donde vivo yo. ¡Qué casualidad!

Otra más. ¿Cuántas faltaban?

-Ya ves

-¿Vas al instituto el Cid?

No sabía por qué pero lo intuía, y esa intuición le llevó a preguntárselo.

-Si.

Esto ya si que era increíble. Mucho más que eso. El instituto el Cid era al que ella había estado pensando cambiarse. Del que había hablado con su madre. El más cerca de su casa.

-Puede ser que vaya yo también al año que viene.

A partir de ese momento se dejó llevar. 5 minutos después se dieron los whatsapp y hablaron por ahí. María estaba contenta. Aunque solo fuera una tonta conversación, y aunque pudiera quedarse solo en eso, en un intercambio de mensajes.

 

 Raúl tenía 15 años. La edad perfecta. Dos más que ella. Del año 1997. De diciembre. Concretamente el 26. Ella era de 1999, de Julio, el 17. Y a ella Raúl le gustaba, por ahora solo eso. Una atracción. No solo por lo que había visto en sus fotos, que también, si no que aquel chico era distinto a todos los demás con los que había hablado.

El parecía tímido, pero también parecía tener interés por ella. Sobre todo se distinguía en que parecía maduro, no el típico que va a lo que va, que tontea, que solo quiere a una chica para lo que quiere. No, el no. El iba a despacio. Y eso a ella le gustaba. Acababa de tener un hermanito, y le tenía en su foto de perfil. Algo que a María también le conmovía, era tan tierno… Eran tiernos los dos.

 

Aquel día, aquel 27 de Abril, María se atrevió a preguntarle también si tenía novia. Y le sorprendió su respuesta, le alegró también. Ya que él le dijo que no. ¿Y entonces esos comentarios? No le gustaban. No obstante, hizo caso omiso de aquello.
 
 
 
 
 




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2 comentarios:

  1. Parece interesante. Adelante...

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  2. hola, encontré tu blog por casualidad... está muy bonito tu relato, muy bien escrito :) te sigo a ver cuándo publicas más? y si quieres sígueme aquí :) http://www.prontollegaraelsalvador.blogspot.com/
    adiós

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